Historia de La Pueblanueva

 
  • Época Moderna  

   Siglo XVI

Las llamadas Relaciones Topográficas de Felipe II, fechadas en 1.576, aseguran que la villa contaba con unos 350 vecinos, y a finales de siglo la cifra se había reducido de manera ostensible a 200, quizá como consecuencia de la terrible epidemia de peste que asoló toda Castilla de 1.596 a 1.602, que se cobró más de medio millón de vidas, poniendo fin al constante crecimiento demográfico que se había experimentado en toda la Península Ibérica durante el siglo XVI.

Había en esa fecha un alcalde, un mayordomo, tres regidores, un alguacil y un escribano con un salario de 50 maravedíes. El resto de autoridades concejiles ganaban un real cada vez que tenían que ocuparse de los asuntos del Común. De entre los vecinos, 70 eran labradores y la población restante se dividía entre jornaleros y artesanos fundamentalmente. De los labradores había cuatro que se consideraban hidalgos e incluso poseían cartas ejecutorias del apellido Agüero. La organización concejil era de concejo abierto y las justicias eran propuestas por elección y nombradas por Talavera de la Reina cada año. También había seis beneficios curados, uno de ellos radicaba en San Pedro de Almofragüe-Sangrera, beneficio que en el año 1.570 estaba dividido en una parte para el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, otra para las iglesias de La Pueblanueva y de San Pedro de Almofragüe, y una restante para las iglesias de San Bartolomé, Santa Cruz de la Jara y Santa María de Sangrera; estas dos últimas se encontraban a media legua de La Pueblanueva. 

 

Siglo XVII

Las fuentes de información para conocer los pormenores de la vida de La Pueblanueva durante el siglo XVII son en extremo escasas. 

Es lógico pensar que las continuas crisis demográficas, ocasionadas por la peste, las hambrunas y la situación de empobrecimiento generalizado que envolvía el país, de aquella centuria se dejaran sentir en nuestro pueblo. Tras la gran epidemia de 1.596-1.602, se produjo otra acometida pestífera en 1.647-1.652, que afectó de lleno a Castilla diezmando su población. Jiménez de Gregorio afirma, sin indicar la procedencia de la fuente, que La Pueblanueva contaba con sólo 185 vecinos a mediados del siglo XVII.

De más datos disponemos sobre epidemias en la segunda mitad del siglo XVII y sus repercusiones en el área de Talavera de la Reina. Así, sabemos que una prolongada sequía durante los años 1.863 a 1.865, repercutió muy directamente en nuestra tierra, provocando una enorme escasez de alimentos que, unido a la falta de higiene general, creó un caldo de cultivo inmejorable para el contagio y la propagación de enfermedades infecciosas.

Siglo XVIII

A diferencia del siglo XVII, durante el XVIII disponemos de importantes y variadas fuentes para conocer la evolución demográfica de La Pueblanueva.

Según los datos aportados por Jiménez de Gregorio, la población osciló entre los 370, 424 y 500 vecinos, es decir, entre 1.587 y 1.883 habitantes, de los que la última cifra (censo de 1.787), nos asegura que había 1.008 solteros, 737 casados y 138 viudos, de los que 39 eran varones y 99 mujeres.

El catastro del Marqués de la Ensenada afirma que en 1.752 La Pueblanueva contaba con 370 viviendas de las que nueve estaban arruinadas y tres permanecían cerradas. Datos que contrastan con los aportados por Madoz, casi cien años después, cuando aseguraba que en La Pueblanueva había 750 casas (más del doble), de las que la mayor parte eran incómodas y de mala construcción.

La composición social que nos presenta el Catastro de 1.752, muestra las características propias de las sociedades del Antiguo Régimen. Estaba compuesta por un total de diez eclesiásticos, siete de ellos seculares y tres regulares, pertenecientes estos últimos a los monasterios de Santa Catalina de Talavera de la Reina, San Lorenzo de El Escorial y al convento de los Trinitarios Descalzos, también de Talavera. Asimismo, disponía nuestro pueblo de un sacristán. El médico, por su parte, recibía un salario de 7.500 reales, de los que 600 provenían del estado eclesiástico; también se detecta la presencia  de un cirujano, un sangrador, dos boticarios, un escribano y un albéitar o veterinario. De entre los oficiales municipales hay que destacar la existencia de dos alguaciles, un cobrador de la Tercia, un estanquero, un mediador de la mojonera, un tamborilero, un administrador y dos mayordomos. Había una cantidad ciertamente importante de artesanos y comerciantes, entre los que destacan cuatro fabricantes de cal, dos tejeros y ladrilleros, dos herreros, cuatro tenderos, quince arrieros, seis panaderos, varios zapateros, un número no determinado de criadores de gusanos -fundamentalmente viudas -, actividad estrechamente relacionada con los cincuenta y tres tejedores de seda, un tendero de alfarería vidriada, dos barqueros y nueve vendedores de pan. Finalmente se cuentan una centena de jornaleros - que cobraban por su trabajo 3 reales -, tres hortelanos y doce pobres de solemnidad.

Por otra parte, el conocido como Censo de Floridablanca de 1.787, arroja los siguientes datos: nueve eclesiásticos ( uno menos que en 1.752 ), entre los que figuran un cura, un teniente de cura, siete clérigos particulares y un sacristán. También se cuentan veinticuatro hidalgos, un escribano del concejo, cinco comerciantes, treinta artesanos, dieciocho labradores, doscientos catorce jornaleros y ciento veinte criados, y un empleado, del que no se especifica su ocupación, con sueldo del Rey.

La actividad económica, fundamentalmente agraria, queda también perfectamente reflejada en el Catastro de Ensenada de 1.752, que asevera que en ese año había unas cuatrocientas cabezas de ganado caballar, setenta y ocho mulas, trescientos sesenta asnos, cien mil de lanar, mil quinientos de cabrío y mil cuatrocientos cerdos. Algunos años después, el Censo de Floridablanca afirma que en la labor del campo se empleaban doscientos pares de bueyes y cien mulas; la cabaña lanar ascendía a quince mil cabezas y la de cabrío a tres mil, la saca anual de cerda se computaba en ochocientas cabezas. También hay noticia de cincuenta colmenas, quince molinos de aceite, de los que uno pertenecía a los monjes jerónimos de San Lorenzo de El Escorial y otro era para hacer harina y se encontraba en el rio Sangrera. Los de aceite, muy productivos ( en 1.787 se recogieron dos mil cántaros de aceite ), rentaban de 500 a 1.400 reales.

En 1.752, La Pueblanueva contaba con los siguientes bienes propios:

- Una huerta ubicada en la ribera del río Sangrera, conocida como la Pradera, que tenía árboles frutales regados con agua de pié.

- Setenta labrantías y diez de monte en La Dehesilla.

- Varias casas, una carnicería, una cárcel, el llamado cuartel, el corral del Concejo y la Casa del Ayuntamiento.

- Un censo a favor con unos réditos de 82,50 reales, y otro de 9 reales, más otros 800 por arriendo de la dehesilla boyal.

Contaba nuestro pueblo a mediados del siglo XVIII con un mesón que rentaba anualmente 300 reales; además de dos tabernas, una de ellas en la casa de la cárcel; tres tiendas de mercería; una abacería, donde se vendía al por menor aceite, vinagre y toda suerte de legumbres secas; carnicería; seis panaderías y dos barcas de remos para cruzar el Tajo. También había un hospital, escasamente dotado con unos 39 reales al año que provenían de unos censos.

Casa solariega

Relataremos, a modo de curiosidad, el valor de algunos de los productos cultivados en La Pueblanueva a mediados del siglo XVIII. Así, la fanega de trigo se pagaba a 18 reales, a 9 la de avena o cebada, a 16 la de pitos, a12 el centeno, 11 la de algarrobas, a 40 se compraban los garbanzos y a 16 las habas; a 36 la libra de seda, a 4 la arroba de vino y a 19 reales el cántaro de aceite de treinta y dos libras.

  Los siglos XIX y XX

Sabemos que a mediados de aquella centuria este municipio contaba con ayuntamiento, estaba sujeto a la Audiencia  Territorial de Madrid, pertenecía al partido judicial de Talavera de la Reina, y en lo militar dependía de la Capitanía General de Castilla La Mancha. También conocemos el nombre de algunos núcleos urbanos que ya aparecían despoblados durante el siglo XIX, como Santa Cruz de la Jara, Almofrague y Sangrera, con las casas de San Antonio y San Pedro.

A mediados de siglo el número de molinos de aceite era de 22, más uno harinero, que se mantenía desde el siglo XVIII. Existían dos fuentes de agua potable, una de aguas calizas y otra de "aguas más gordas". El correo, por su parte se recibía en cebolla tres veces a la semana mediante un valijero.

La población ascendió, al igual que en resto de España. Madoz asegura que se contaban 523 vecinos que sumaban un total de 2.334 almas.

El capital de productos cultivados que, al igual que hoy, eran principalmente aceite, cereales y hortalizas, suponía a mediados del siglo XIX la cantidad de 5.124.186 reales y el imponible, por su parte, ascendía a 154.108 reales. El presupuesto municipal era de 18.533 reales, de donde había que descontar 500 que se le debían pagar al secretario, y que se cubrían con 958 reales provenientes del producto de los bienes propios y el resto por reparto vecinal.

A finales del siglo XIX, y según documentación conservada en su Archivo Municipal, La Pueblanueva recibió el título de Villa, otorgado por la Reina Doña María Cristina, madre y regente de Don Alfonso XIII hasta 1.902.

La población siguió aumentando durante las últimas décadas del siglo, así en 1.900 la villa contaba con 2.495 habitantes.

El siglo XX trajo consigo un constante ascenso demográfico, consecuencia inequívoca de las mejoras higiénico-sanitarias de las que se benefició la población española, que se interrumpió a partir de la década de 1.950, debido principalmente a la emigración de las gentes del campo a los grandes núcleos industriales del país.   Sirvan como ejemplo algunos datos sueltos de censo a lo largo de este siglo:

  • 1.910   ..........   2.852 habitantes.

  • 1.940   ..........   3.290 habitantes.

  • 1.950   ..........   3.499 habitantes.

  • 1.960   ..........   3.390 habitantes

  • 1.970   ..........   2.454 habitantes

  • 1.991   ..........   1.949 habitantes.