Faustino Santillana

Duración: Una jornada (5,30 horas sin paradas), un poco menos si se corre más.
 Longitud: algo menos de tres leguas.
 Dificultad: Para andar y no cansarse en demasía. Un poco duro (pero poco) si se opta por pasar por "las caleras" en Navahermosa.
Arriba
.Arroyo Marchés  
. Ruta de los Fósiles

Tras el aprovisionamiento de buenos bollos y mejor pan en San Pablo de los Montes y el espumoso café de  las  Navillas, abandonamos esta menasalbeña pedanía en la mañana de un soleado día de finales de marzo.

Nuestro destino: Navahermosa. El camino: el que más apropiado nos parecía; de momento, nos conformamos con salir de las Navillas enfilando hacia el depósito del agua, pasando junto al cementerio para, a los cinco minutos de andar, cruzar el imponente caudal del Marchés (sin mojarnos los pies) y enfrentarnos a la primera cuestecita de la jornada.

Nos encontramos en la raña y ante nosotros surge la espléndida "Piel de Vaca" pedriza entre las pedrizas, que desde dentro de la finca de "El Robledo" (cuya alambrada va quedando a la derecha), guía nuestros pasos marcando el sentido de nuestro camino. Tras breves minutos de andadura por la rojiza raña, en el suelo se abre una profunda otra herida roja, otro camino. Y nos interroga: ¿qué queréis hacer?. Consultamos mapas, montes, brújulas, soles... todo nos da idea de una dirección, pero el porvenir nos tiende la mano y pronto aparece un Land-Rover® cuyo conductor nos hace ver el error que íbamos a cometer: El camino que debemos seguir es el de la derecha; como nos gritaba nuestro corazón, eterno amante de la Piel de Vaca.

Y es que la Piel de Vaca sigue guiando nuestros pasos. Y el Robledo, por la izquierda nos amenaza con un mojón de granito como el niño asustado que levanta una piedra para intimidarnos. Nosotros sonreímos, sabemos que cuando queramos podemos arrebatarle el pastel que lleva en la otra mano.

A los 35 minutos de nuestra salida, el Robledo nos abandona y como rastro humano aparece una "linea de la luz", que ilumina poco con sus cables negros cortando el luminoso paisaje. La cruzamos por debajo (naturalmente) y caminamos con pocos sobresaltos por unos minutos mas (veinte exactamente), no sin echar de menos la imagen de nuestra amada pedriza, la pedriza... snif, snif (llantos). Aparece una nueva bifurcación que nos quiere llevar a una granja de ladrillo rojo hiriente sobre el verde de los campos de primavera. Tratamos de seguirla pero nos atrae más la aventura del camino de la derecha (de frente) y es esta la dirección que tomamos.

Aburridos de caminar por una interminable recta donde pudimos mantener una entretenida conversación con ciertos rumiantes (o vacas), y tras cierta perdida de altura del camino en unas curvas, podemos contemplar que el camino sigue recto hacia unas casas restauradas. Nosotros no le hacemos ni caso, pues no se nos ofrecía nada bueno en las casas, y seguimos por nuestro camino que ahora gira algo hacia la derecha por un pequeño valle.

Pasan escasos diez minutos cuando otro cruce de caminos nos sorprende. Nosotros acostumbrados ya, le prestamos poca atención y seguimos de frente. Llegados a este punto hay que hacer dos observaciones:

 Uno: El camino de la derecha nos lleva al embalse viejo del Torcón desde donde podemos ir a Menasalbas o, si el tiempo es seco como es el caso, cruzarlo hasta la finca de "los bellotas" y allí visitar unas "tumbas de los moros".

 Dos: A la derecha del camino se nos ofrecen unas piedras de color ocre amarillento, si nos detenemos y somos un poco observadores podemos ver un ligero hoyo en el suelo. Debe tratarse de una "mina" de cobre que quizás tenga algo que ver con "los moros", sus tumbas, y quizás con la estatuilla encontrada no ha muchos inviernos por estas tierras.

Unos diez minutos más tarde, después de haber admirado la belleza de las fresnedas de la zona paramos en acto de humildad y respeto ante el monumento a la muerte de:

Desde aquí sale un camino a la derecha que nos lleva a la presa del nuevo embalse del Torcón y su E.T.A.P.. Nosotros nos acercamos a contemplar la bizarría de tan magna obra civil. Este tramo no lo tenemos en cuenta a efectos de cálculo de tiempo del recorrido global, ya que fue una malsana curiosidad la que nos apartó de nuestro objetivo final. Después de un bocado a media mañana observando la avifauna del embalse volvimos a cruce donde dejamos el camino, siguiendo de frente por donde veníamos.

Pasamos unos cercados y unas grandes casas de piedra. Continuamos por el camino principal que va ahora entre alambradas. Nuestros pasos son vigilados muy de cerca por colosales piedras que el Quijote podría muy bien confundir con malignos vestiglos. Cruzamos el Torcón y el suave curso de agua parece disipar todos nuestros temores, llevándose los miedos en sus alegres aguas (Por cierto, también pude refrescarnos en verano aunque algunos sólo podamos remojarnos la barriga.)

Seguimos nuestro camino enfrentándonos con una cuestecilla que no nos asusta mucho y diez minutos después una nueva pregunta se nos plantea en nuestra andadura: izquierda o derecha. Vemos frente a nosotros una casa junto a una grandes rocas, nos dirigiremos hacia ella por el camino de la izquierda. Las rocas han de quedar a mano derecha.

Se cruza el río, cosa que nos resultó bastante fácil por la ausencia de agua, y se enfila la que posiblemente sea la cuesta más dura de la jornada aunque, si la subimos con tiento y ánimo, casi ni nos enteramos (de no ser por el justiciero sol de las tres de la tarde). Ahora, desde el sosiego de la ciudad, vemos que se trata de un esfuerzo inútil. Otro camino más atractivo se nos plantea de haber tomado la "Cañada de Ganados" (ver mapa )

A los veinte minutos, y tras haber jadeado un poco por la cuesta, vamos viendo unos campos de cultivo con higueras y almendros. Al fondo, a la derecha del camino y si somos observadores, veremos el brocal de un pozo y justo detrás comienza una repoblación de pino, cosa que nos agrada poco y seguimos por el mismo camino que llevábamos.

Nos enfrentamos a la raña y al tramo más monótono y soso de la jornada. A ratos pensaremos que no deberíamos haber hecho esa marcha, pero la única forma de salir de aquí es llegar a Navahermosa. El castillo de las Dos Hermanas se va haciendo un poco más presente, mostrando su gallardía y rompiendo la horizontalidad del paisaje. Parece que su figura nos atrae hacia nuestro destino.

Tras pasar un par de puertas y andar durante 45 minutos (contados desde el pozo) nos encontramos con que nuestro camino termina en un olivar. Dos opciones radicalmente diferentes se nos plantean: todo a la derecha, o todo a la izquierda. La sierra comienza a susurrarnos y nuestros pasos alimentados por las ansias de su prometedora frescura, se guían por su llamada. Nos encaminamos hacia la sierra.

Tomamos el camino de la izquierda y tras unos 20 minutos nos encontramos con una gran casa con cercado y un potro de granito. Justo a nuestro lado vemos el cruce de caminos al que nos debiera haber llevado la cañada de ganados. El antiguo esplendor, el sufrimiento y el trabajo hecho con la esperanza del mañana nos conmueven. Qué mejor homenaje a los antiguos pobladores de estas tierras que merendar junto a ellos, en los mullidos asientos de hierba verde que nos ofrecen, en la intemporal mesa de granito que nos brindan. Nos detenemos, el sol nos calienta, la brisa corre suave y algún corzo baja a acompañarnos.

Retomadas las fuerzas y tras habernos despedido de nuestros anfitriones continuamos un poco mas hasta la siguiente bifurcación: hacia el castillo o hacia... Creemos que el castillo podría guiar a cualquiera hacia Navahermosa y, como llevábamos algo de tiempo de sobra, tiramos para donde las cabras: o sea para el monte de la Galinda por el camino de la derecha.

Se pasan unas grandes cárcavas que parece que nos amenazan con tragarse el camino y a nosotros mismos. Al cuarto de hora escaso sale un camino hacia el fondo del valle. Oculto, casi con un susurro nos dice que él nos llevará adonde queremos, Nos fiamos de su buena palabra y al poco tiempo llegamos a una casa con sus huertas, ganado...

Cruzamos el fondo del valle siguiendo los pasos de las cabras y de algún que otro tractor; nos dirigimos hacia la repoblación de pinos. Bordeamos los pinos en dirección S sin adentrarnos nunca en ellos hasta que veamos un camino a la derecha (justo antes del cortafuegos superior). El camino, ancho y fresco, atraviesa el pinar en dirección E-O (aproximadamente) y parece terminar en un ancho cortafuegos, en el otro extremo del pinar.

Desde este supuesto final del camino podemos ver una casa blanca frente a nosotros. Si miramos unos metros más arriba de nuestra posición vemos unos robles (quejigos, melojos... Quercus pyrenaica para los amigos) pues buscad por ahí que, aunque no lo parezca, existe un camino bastante oculto.

De todas formas, si se sigue en línea, recta se llega a una barbacoa y junto a ella un manantial en el suelo. Desde ahí se hace más visible el camino que va a Navahermosa. Nosotros decidimos seguir por él pero tras unos metros nos aburrió lo fácil del camino y decidimos que la mejor forma de llegar a Navahermosa es desde el cielo; por eso decidimos dirigirnos hacia la esquina inferior de la repoblación de pinos en busca de "las caleras". Una vez llegados a los pinos se sigue hacia poniente en la dirección de las curvas a nivel.

Con poca suerte que tengamos daremos con el primer socavón de las caleras y un poco más adelante comenzaremos a ver mas socavones y hornos, algunos en un buen estado de conservación ( e incluso podemos encontrar a quien nos explique su funcionamiento )

Hay que bajar un poco ya que unas decenas de metros más debajo se pueden encontrar caminos que nos llevan para Navahermosa. Desde aquí el camino es obvio, se ve el pueblo así que es difícil perderse (aunque todo es posible).

Y esto fue andado en un día de marzo por Carlos Recio y Juan Jesús Herrera.

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