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Tenemos
de nuevo noticias de Cedillo en 1211 por razón de un pleito
homenaje a la orden de Santiago por parte de D. Pedro Fernández
de Azagra, señor de Albarracín, quien en el portal de la
Iglesia de Cedillo otorgó a dicha Orden el castillo de santa
María de Albarracín, ante el entonces rey de Castilla Alfonso
VIII, quien se hallaba en la villa junto con Pedro Arias,
maestre de la Orden de Santiago.
En
dicha escritura de pleito homenaje se menciona que Cedillo
pertenece a la orden de San Juan de Jerusalén; se sabe que en
1216 dicha orden había dado fuero a Cedillo; sin embargo, pocos
años después, los hospitalarios permutaron la aldea de Cedillo
por la villa de Rioseco en favor de Abril García, que se
convertiría así en el primer señor civil feudal de
Cedillo, si bien no era con derecho de traslado a sus sucesores.
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Escudo de
los Condes de Cedillo
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Remarcamos
aquí que, apenas sesenta años después de la carta de
población, ya existe construido un templo en Cedillo,
aunque ignoramos sus características, es más que
probable que se levantara en el mismo lugar que el actual.
Volvemos
a tener noticias de Cedillo en el siglo XV. En las guerras
nobiliarias en que los nobles se enfrentaron al rey y su
valido D. Álvaro de Luna, hubo un episodio en el que los
partidarios de la nobleza castellana, con el infante D.
Enrique de Aragón, el almirante de Castilla y el conde de
Benavente a la cabeza, se dirigieron a Cedillo para
vigilar las tropas del arzobispo D. Juan de Cerezuela. En
Cedillo se reunieron con las tropas que venían de
Casarrubios, dirigidas por Pedro de Quiñones y Rodrigo
Manrique, y partieron hacia Illescas, si bien nunca
entraron en combate, pues se limitaron a cercar al obispo,
pues se limitaron a cercarle desde los pueblos de los
alrededores, hasta que éste partió hacia Madrid, momento
en que los coaligados le persiguieron, dirigiéndose en la
misma dirección. |
El
10 de abril de 1445, Juan II dio la villa de Cedillo, junto con
los lugares de Humanes, Huecas, Peromoro y Guadamur, a D. Pedro
López de Ayala, hijo del canciller mayor de Castilla. Esta
donación tenía como antecedente el compromiso real, dado el 4
de septiembre de 1444, de otorgar a perpetuidad 300 vasallos al
dicho D. Pedro.
Reseñar
que esta entrega no se hizo sino después de muchas
controversias, puesto que D. Pedro Sarmiento, nombrado alcalde
mayor de Toledo (privándose así a D. Pedro López de Ayala de
dicho cargo), enconó la entrega de dichos lugares; hasta que el
14 de Mayo de 1446 se firmó la concordia de Astudillo, y el día
siguiente Juan II ordena la entrega de los lugares antedichos.
Sin embargo D. Pedro Sarmiento y el concejo toledano siguieron
negándose a cumplir dichas órdenes, prueba de esta oposición
es que, en una carta de 1 de febrero de 1447 de Juan II al
concejo toledano, había vuelto a ordenar la entrega o devolución
a Pedro López de la jurisdicción de los referidos lugares,
donde parece que D. Pedro ya había nombrado oficiales y había
ordenado levantar horcas ( “señor de horca y cuchillo”).
Se
reiteran las mismas órdenes el 14 de noviembre de 1447 y 10 de
octubre de 1449, hasta que, por fin, se produce la entrega en
1450.
Sin
embargo, no muchos años después, otro Pedro López de Ayala,
esta vez el segundo conde de Fuensalida y segundo señor de
Cedillo, vendió la villa de Cedillo a D. Hernando Álvarez de
Toledo, en el precio de un millón de maravedíes enriqueños,
el 4 de Enero de 1487. En dicha escritura se le da ya a Cedillo
el tratamiento de Villa, a pesar de que, al cedérsela a los López
de Ayala, muchos habitantes abandonaron el pueblo.
Este
Hernando Álvarez de Toledo, que era señor de Tocenaque y de
Manzaneque, sirvió con asiduidad a los Reyes Católicos. Como
recompensa, los reyes le concedieron el título de Conde de
Cedillo a su primogénito D. Antonio Álvarez de Toledo,
mediante cédula dada en Laredo el 3 de Agosto de 1496.
Los
Álvarez de Toledo continuaron siendo los señores de Cedillo
hasta que el señorío volvió a recaer en los López de Toledo,
a resultas de haber quedado extinta la rama hereditaria de
aquellos y volver la herencia a los sucesores de D.ª Constanza
Álvarez de Toledo, hermana del primer conde, casada con D.
Pedro López de Ayala, nieto del primer López de Ayala
mencionado.
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