La presencia de Don Carlos, el desconcierto que reinaba en el país, la simpatía de ciertos sectores lleva al general Sabariegos, refugiado en Portugal, a regresar a España siendo nombrado comandante general de La Mancha, Toledo y Extremadura. En poco más de un mes conseguía reunir 410 caballos y cuarenta infantes bien regimentados y equipados. Entrando en Urda en octubre de 1873, intentándolo también en Almagro. Muchos de los bandoleros y desertores que poblaban el monte se unen a estas partidas. Buen número de ellos son naturales de Urda y Fuente el Fresno, en donde la simpatía hacia el carlismo está muy arraigada. Algunas fuentes, afirman que Moraleda se unió a la partida del Cura de Alcabón Don Lucio Dueñas actuando por la provincia de Toledo llegando a alcanzar el grado de sargento. El final de la guerra, terminó con el problema del bandolerismo pues lo agravó. Se propició así la reconversión forzosa de antiguos carlistas en bandoleros, como una de las salidas de algunos ex-combatientes, que al encontrarse a su regreso a la vida civil sin ingresos económicos, inadaptados a las nuevas circunstancias, se decantaron por el robo, el secuestro y el pillaje como forma de subsistencia. Por otra parte los del "oficio" continuaron siendolo, como es el caso de Juanillones y Moraleda. Los años comprendidos entre 1874 y 1881 son los años más intensos en delitos del bandolerismo, ya que estas partidas carlistas reconvertidas en puros bandoleros intensifican sus actuaciones. Asociación más que partida fue la de "los Juanillones y Purgaciones" a la que se unió Moraleda y otros bandoleros. Bastante famosa en los Montes de Toledo, primero, y en los llanos manchegos después, donde posiblemente también encontraron protección. Llegó circunstancialmente a contar con ocho componentes mandados por un hombre corpulento y mal encarado llamado Juan García-Quilón Lopez-Simancas (a) "Juanillón" más viejo que su hermano Felipe. En la misma militaron los hermanos "Purgación" antiguos carlistas de Fuente el Fresno, Casimiro Navarro Clemente, mayor que su hermano Ambrosio En su juventud se habían dedicado al carboneo en el término de Torre de Juan Abad. En esta partida en 1886 militaba también Justo Gómez Gómez "el Magro" vecino de San Pablo de los Montes,. Por entonces los hermanos Purgacinones estaban en la cárcel de Villanueva de los Infantes (Ciudad Real ). Estaban en la cárcel en espera de conocer la sentencia de se había dictado sobre ellos, ya que la Guardia Civil les había apresado en el pueblo de Torre de Juan Abad, estando acusados de robar en la casa del propietario D. Juan Tomás Frías y de D. Trifón Martínez, recaudador de contribuciones. En los primeros días de 1877, tras conocer la sentencia se fugaron de allí, quizás con la ayuda de altos cómplices. Tras su huida volvieron a concentrarse con su partida. Las acciones de esta partida, desde entonces, son bastante espectaculares y frecuentes, su modo de obrar, casi militar y muchas veces disfrazados de guardias civiles. La evasión de la cárcel de los Purgaciones debió ser antes del 19 de febrero de 1877 ya que en ese día realizaron el secuestro de Don Pedro Gómez Quintanilla, en el paraje denominado Boca de Poveda del término de Horcajo de los Montes (Ciudad Real). El rescate del secuestrado ascendió a la cantidad de 4.000 reales oro. Por este motivo, y por muchos otros el teniente Coronel, Graduado Comandante de Infantería y Fiscal Militar del Consejo de Guerra Permanente de la Provincia y Plaza de Ciudad Real, que ya había declarado en estado de guerra en la provincia acentúa las medidas de busca y captura de los malhechores. Pocos días después en la carretera que une las localidades de Villarrubia de los Ojos y Fuente el Fresno, el 22 de marzo de 1877, se cometió un asesinato en la persona del carretero Francisco Moreno Peco "Peluca". Cuatro carreteros que caminaban juntos fueron asaltos por otros tantos bandoleros, siendo despojados de lo que llevaban encima. Al resistirse "Peluca" a que le quitaran las mulas, también fue fulminado por un disparo que le hizo uno de los asaltantes. A los pocos días aparecieron la mulas, pero no las mantas, una manta de jerga fabricada en Ajofrín y otra morellana a cuadros blancos y azules. Como consecuencia del suceso se realizaron numerosas batidas, sin éxito y a los familiares de los bandoleros se les deportó a mas de cincuenta kilómetros de su residencia habitual. Bien entrada la noche del día 21 de febrero de 1880, la partida de bandoleros de la sierra, formada entonces por los Juanillones, los Purgaciones, Bernardo Moraleda, Cristóbal Camacho "Corona", Antonio Cuellar "Hijo de la Loreto" también llamado "Pastor de los Yébenes", Laureano de la Cruz y Saturnino Hazaña Aldareví "el de San Pablo", todos vecinos de Fuente el Fresno, se presentaron en este pueblo, asaltado las casas habitadas propiedad de Aurelio Izquierdo, el alcalde del pueblo, de su hermana Gregoria Izquierdo y las de Eulogio López, Isidoro Peral, Fausto González y Saturnino de Santos, a este último le causaron múltiples lesiones, con destrozos en muebles y enseres, en una noche buscada a propósito, empleando procedimientos crueles, los maltrataron y amenazaron hasta conseguir de ellos las joyas y el dinero que tenían, el cabecilla Juan García-Quilón, uno de los Juanillones dirigiéndose a las autoridades, les dijo "Esto es sólo el principio, ya que atacaremos el pueblo, de día y cuando queramos, castigando a los que se nieguen a cooperar con nosotros" Después de tener retenidas a varias personas se marcharon al amanecer, llevándose cuanto encontraron de valor. Los hermanos Juanillones.El 13 de octubre 1880 acuerdan dar un golpe de efecto consistente en asaltar un tren en Villacañas (Toledo). Todavía se recordaba el asalto llevado a cabo en la estación de Venta de Cárdenas, previo secuestro del jefe de estación y empleados, sin que los viajeros se percaten del expolio, realizado en el furgón de cola. "El Cojillo" había planeado el golpe sin rodeos, a base de provocar un descarrilamiento y a continuación "saquear a los viajeros uno por uno".Asistían al asalto los dos Juanillones, los hermanos Purgación, Moraleda, Felipe Sevilla, Antonio Cuellar "el pastor de Los Yébenes", Luciano Polo y Zoilo Puncelo "Sogato". Ajenos a que la Guardia Civil controlaba sus pasos, descubiertos tuvieron que defenderse con las armas en la mano al no querer entregarse. En la refriega, producida en el paraje denominado "el Calado" mueren: "Sogato", Luciano Polo y Antonio Cuellar "el Pastor de Los Yébenes".Los Juanillones, los Purgación y Moraleda escapan y se ocultan en Villacañas en la venta de un amigo, donde son cercados por la guardia civil al mando del alférez Allende, hasta ser detenidos todos menos Felipe uno de los Juanillones y Bernardo Moraleda que consiguieron escapar por una ventana.Todo esto ocurrió a finales de 1880.
Llevados a Toledo Ambrosio y Casimiro los dos Purgación y el menor de los
Juanillones, Juan, fueron condenados a muerte por un Tribunal Militar sentencia
que se ejecuta el 13 de marzo de 1882, y que las crónicas y comentarios de la
época reflejan así:
Crónica de la Hermandad de la Santa CaridadEran ya por entonces, algunas voces las que se alzaban contra la pena de
muerte, como la de este redactor del periódico toledano Nuevo Ateneo:
Ejecuciones de los Purgación y un Juanillón.
Triste, muy triste es que los hombres abandonen sus faenas para presenciar escenas de sangre, pero doblemente doloroso es la asistencia del sexo femenino a los actos de esta naturaleza. No puedo explicarme que débiles seres en que debe resplandecer el amor, el sentimiento y la caridad concurran a presenciar el suplicio de sus semejantes, en lugar de llorar en sus casas compadeciendo a las víctimas, y rogando por ellos, por sus padres, por sus esposas, por sus hijos y por sus hermanas. Las cantidades recaudadas en bien de los reos, dicen se han destinado en sufragios por sus almas. Entre tanto sus viudas y los desgraciados huérfanos tienen que implorar una limosna para restituirse a sus hogares. Que razón tiene un amigo mío que dice "la humanidad está loca", dispone en su justicia de la vida de los hombres y luego demanda una limosna para rogar por el alma de aquellos a quienes ella misma mata. Años hacía que el pueblo de Toledo no presenciaba la ejecución de una sentencia de muerte. Los toledanos creían que semejante pena había sido borrada de nuestros códigos. Desgraciadamente la mañana del lunes vino a comprobarnos que los hombres y las leyes creadas por estos están demasiado lejos de la verdadera perfección que deseamos. Tiempos llegarán sin duda en que desaparecerá semejante sacrificio, que sólo deja en pos de sí el recuerdo de una página de sangre sin que su ejemplo sirva en poco o en mucho para hacer desaparecer crimen. El hombre será criminal y perverso hasta la consumación de los siglos, puesto que el demonio que le tienta y le seduce es eterno como Dios...
Tras la huida, Moraleda y Felipe Juanillón se encaminaron hacia Retuerta. Moraleda subió a la sierra a esconder su escopeta, anteojos y el numeroso botín en oro que había conseguido reunir en todas sus acciones delictivas, la mayor parte de éste eran los cinco mil duros en onzas que había conseguido robar al recaudador de la zona de Ciudad Real. Por la "Vereda de los Contrabandistas" que iba por la cresta
oretana, por lo visto, desde Lisboa a Valencia sin pasar por pueblo alguno,
inician ambos la huida a Portugal.. En el zurrón llevaban, un buen cargamento
de monedas de oro, que representaban la salvación de sus vidas. En Portugal se
hacen comerciantes, con buena fortuna. Felipe el Juanillón, escribía con
peligrosa frecuencia y por este motivo fueron localizados y detenidos, tras
quinces meses de estancia en el país hermano:
Captura de Moraleda y un Juanillón.
Según hemos leído en varios periódicos, han sido detenidos en Portoalegre (Portuga)l Bernando Moraleda y Felipe García-Quilón (a) Juanillón, mayor. El primero tiene 29 años, es bajo grueso y de mala mirada. Desde la edad de 15 años, en que mató a uno de su pueblo se hallaba en la sierra incorporado a la partida de bandoleros. A los 18 años se casó, matando a su mujer a los cuatro días de su boda. Ha tomado parte en tres secuestros y treinta y tantos robos y se le acumulan veintidós muertes. Su compañero el Juanillón, tiene 54 años, es bajo cano y grueso, y aunque ha cometido bastantes fechoría, nunca ha igualado a Moraleda. Ojalá que su prisión y vista de la causa no se verifique en esta ciudad, pues de lo contrario sería muy regular que tuviéramos que presenciar nuevas ejecuciones de pena capital. El gobierno español ha condecorado al gobernador de Portoalegre. EL NUEVO ATENEO, AÑO VI Toledo 26 de Marzo de 1882. nº 13
Pedida su extradición fue concedida con la condición de la imposibilidad de ejecutar los reos. Conducidos hasta Toledo, cargados de grilletes, fueron juzgados y condenados a ciento catorce años, ocho meses y un día de prisión. Estando en prisión de Toledo le permitieron casarse, con su prometida Bejerana, natural de Navahermosa, con la cual tuvo una niña. En el penal de Ceuta ingresaron hacia el 1882, allí murió Felipe el Juanillón, Bernardo Moraleda estuvo amarado con grilletes. Nadie le curaba las heridas infestadas; producidas por las cadenas, él se orinaba en ellas en calidad de cura. Cuando cambió el jefe del penal, le quitaron las cadenas y dos años más tarde, le concedieron el régimen abierto, andar por la ciudad, trabajando en un comercio a medio sueldo yendo a dormir al penal. Cuando el penal de Ceuta fue habilitado como prisión militar en 1911, le trasladaron al penal de Santoña, en donde fue puesto en libertad en 1923. Pasó el rastrillo de la cárcel, con el hato al hombro; vestido de presidiario, el más antiguo del penal con setenta y un años, los tobillos gastados por las cadenas y cinco duros de plata en el bolsillo. Cuando llegó a Retuerta, después de muchas privaciones, pidiendo limosna por los mesones, subió a la sierra en busca de la carabina, el anteojo y los cinco mil duros y no encontró nada. Allí estuvo cavando hasta que se cansó. Mala memoria o quizás alguien lo encontró. Las personas que lo conocían, al enterarse que estaba libre sintieron temor, pero Moraleda muy anciano, no podía ya andar por esos montes. Muy débil pidió auxilio en la finca de Prim, el apoderado general del sucesor de Prim, don Antonio Muñoz le convirtió en encargado de las bodegas del castillo. El rasgo de su apoderado lo refrendó el marqués de los Castillejos al que, años antes, Moraleda había encontrado perdido en lo más profundo del monte. Así, en contacto con la naturaleza monteña, pasó el resto de su vida y allá por el año 1936 murió el último bandolero de los Montes de Toledo. Pedro Antonio Alonso Revenga
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