Historia de Ugena


Ugena está al norte de la provincia de Toledo, lindando su término con la de Madrid. Forma parte de la gran comarca cerealista de La Sagra, mas, por la naturaleza de su suelo, ligero, suelto y menos arcilloso, se encuentra en la subcomarca de Las Arenas, montada sobre el límite de ambas provincias. Este suelo arenoso motiva, aparte del cereal, una serie de cultivos hortícolas, alimentados antaño con agua de los pozos sacada con norias y hogaño con más profundas captaciones. A las huertas van unidas los plantíos de viñedos, frutales, higueras y olivares. Hay un topónimo en línea con estos cultivos: Torrejoncillo de los Higos, situado al Este del caserío de Ugena.

Su término se extiende por una llanura alta, amesetada y fría, con una altitud media de 654 metros; la extensión es de 15,04 Km2., que suponen algo más de 1.500 Has. Limita al Norte con Serranillos del Valle y cubas, al Este con Casarrubuelos e Illescas, al Este con esta villa de Illescas y al Oeste con Carranque.
Cruza Ugena la carretera que une Illescas con Carranque, que antaño atravesaba el centro de la población y hoy desviada por una variante que rodea toda la zona urbana.
 

El término municipal lo cruza el ferrocarril que comunica Madrid con Portugal. La vía se dirige en sentido norte-sur, en el extremo noreste del municipio.

Aparte de una red de caminos públicos que conducen a todos los pueblos cercanos , merece la pena resaltar una antigua vía pecuaria denominada “Cañada Real de Toledo a Madrid”
De Oeste a Este, avenan este suelo arenoso las corrientes fluviales: Arroyo del Palo, del Pradillo, del Cabo, y de Mondejar ( “pelado” “mondo” ). 

HISTORIA

El significado del topónimo Ugena hay que buscarlo en los antropónimos USTIUS y USIUS, de origen prerrománico, a los que se añadiría el sufijo ENA, lo que nos indica una población muy antigua, poblado por gentes ibéricas y celtas.
Así se llegaría a la dominación romana, durante la cual sería una “villa” llamada UXENE ( cuyo significado es tierra abundante en helechos ), explotada en el Bajo Imperio, por el siglo III. Se mantendría vigente en tiempos de los visigodos, permaneciendo luego la población bajo el dominio islámico, población mozárabe que todavía se mantenía a finales del siglo XVIII; una relación de este tiempo dice “...todavía quedan muchos mozárabes”.
Reconquistado el territorio por Alfonso VI (1072 – 1109 ), se incorpora a Illescas, al formar parte de sus términos y pasar, por mandato de ese Rey, a la iglesia de Toledo. Pero sin saber las causas, está en poder del obispo de Segovia hasta 1154, año en que se las cambia Alfonso VII El Emperador por las villas de Aguilafuente y Boadilla; inmediatamente la dio carta-puebla (en abril de ese mismo año), pudiendo tener heredades, aparte de los naturales, sólo los gascones. Vuelve de nuevo a Illescas, y como tal a la Iglesia de Toledo , por disposición testamentaria de Sancho III ( 1133 – 1158; rey de Castilla 1157 – 1158 ).
Ugena se documenta en el siglo XI, en tanto que Torrejoncillo de los Higos ( antiguo poblado, situado al Este del caserío de Ugena ), en el siglo XIII.
Illescas y sus términos fueron secularizados en el 1575, hasta que el 25 de Noviembre de 1660 los de Ugena y Torrejoncillo pasan a ser propiedad señorial de D. Carlos de Vera, Conde de la Roca, título creado por Felipe IV en 1628. El referido Vera pagó 15.000 maravedíes por vecino ( 50 de Ugena y 17 de Torrejoncillo ), con media legua de extensión cada una de esas aldeas, pagando en total 2.100.000 maravedíes; después adquirió también las alcabalas y en 1662 la jurisdicción administrativa, que lleva aparejado el poder nombrar los cargos municipales. Todo ello supuso el pago a Hacienda, por el Conde de la Roca, de 2.976.038 maravedíes, de esta cantidad se habían hecho las rebajas pertinentes. En el citado año de 1662 el Conde de la Roca inicia la construcción de la casa-palacio de Ugena para albergar al Rey Carlos II ( 1665 – 1700 ).

Bosquejo, hecho a carboncillo, del aspecto que tenía el palacio de los condes de Ugena, antes de su destrucción casi completa a primeros del siglo pasado.

Reinando Carlos II, se le concede el título de Marqués de Ugena a D. Francisco Herrera y Enríquez, en 1672; éste había sido corregidor de Madrid y estaba casado con Doña Antonia Enríquez Dávila y Guzmán, quién, de su primer marido el Conde de la Roca, había heredado el señorío de Ugena, que luego se lo da en herencia al Cardenal Portocarrero, el cual, a su muerte en 1709, se lo deja al hospital toledano de la Santa Cruz, administrado por el Deán y Cabildo de la Iglesia de Toledo.
Estos patronos venden el señorío de Ugena y Torrejoncillo, en 1735, al millonario hombre de negocios Don Juan Francisco de Goyeneche, navarro del valle de Baztán. En ese tiempo ya se había despoblado Torrejoncillo de los Higos; Goyeneche compró todos los derechos, entrando también en posesión del título de Marqués de Ugena en el año 1735.
No deseando vivir bajo el señorío nobiliario, la villa de Ugena solicitó su incorporación a la Corona, que se declaró en 1780, eximiéndose de los conflictivos sucesores de Goyeneche . El Supremo Consejo de Castilla, vistas las razones de la villa, la declara de realengo, uniendo desde entonces sus alcabalas a las de Chozas de Canales. Pero los marqueses de Ugena conservaban el título y el señorío sobre el despoblado de Torrejoncillo y su término; lo que motiva un nuevo pleito, resuelto a favor de nuestra villa, ya en el reinado de Carlos III ( 1759 – 1788 ). Así pues, todo el término quedó libre del señorío feudal.

 

Con motivo de la desamortización de Mendizábal ( 1836 ), sabemos que las monjas dominicas de Illescas poseían en Ugena treinta y ocho parcelas rústicas con un marco de 139 Has.; el de San Antonio de Padua de Griñón tenía tres parcelas con 35 Has.; el cabildo de racioneros de la Catedral de Toledo diez parcelas con 19 Has. Todas la cuales vinieron a incrementar el número de pequeños propietarios.  

Escudo de Ugena

Por todo lo relatado más arriba, y buscando la mayor sencillez y simbología Heráldica, el escudo de la villa de Ugena queda así:

Forma española, mantelado.

A la diestra, en el centro, cruz mozárabe de plata  como símbolo de la población mozárabe, en campo de gules  como muestra de los sufrimientos de aquella población bajo dominio islámico.

A la siniestra Torre de oro, en recuerdo a Torrejoncillo de los Higos y a otras torres que hubo en el territorio durante la Edad Media, en campo de azur evocando la limpieza del campo sagreño.

En la zona mantelada una oliva arrancada en su color en campo de plata, como reconocimiento al esfuerzo de los labriegos, hortelanos, plantadores, pequeños propietarios rústicos..., que desde los tiempos Íbero-Celtas trabajan la tierra y la hacen libre después de pasar tantos señoríos.

Todo timbrado con una Corona Real cerrada, significando la vuelta a territorio realengo.